El intrusismo laboral llega a cotas inesperadas. La carrera y los cursos de Ángeles le servirán de poco como este pequeño masajista (que apunta maneras) acabe cogiéndole el gusto las prácticas =)
En realidad creo que ese movimiento es una especie de reminiscencia de la época de lactancia en la que apretan las ubres de la madre para conseguir más leche. Cuando son mayores siguen haciendo el mismo movimiento con las personas con las que tienen más confianza, cojines, ropa, etc. Por los ojillos del “masajista” parece que disfruta más él que el paciente =P

Comentarios
Pues no lo hace nada mal el gato jejeje, espero que si al final acaban aprobando lo del decreto de las terapias naturales no dejen a los gatos dar masajes porque si no vamos a pasar muuuuucho hambre… Acabaremos en una esquina de la plaza mayor gritando: una ayudita para un fisio, por favor… =)