Ayer tenía examen de chino por la tarde, así que me quede por el centro a comer en un burger. Esperando mi turno, en la cola a mi izquierda y un par de puestos delante de mí, una señora de unos cuarenta y pico años abre el bolso y saca su móvil. Marca un número de teléfono y se gira hacia la puerta. Sigo su mirada y me encuentro con otra señora (esta de unos sesenta) sentada en una mesa a unos diez metros de nosotros. La mujer del teléfono le hace señas, pero la de la mesa parece no entender. La señora empieza a ponerse nerviosa. Finalmente grita un “QUE CONTESTEEEEEES”. Casi me muero de la risa.
La señora de la cola llamaba a su compañera en la mesa para preguntarle que quería comer. Tras un par de minutos cantando el menú cuelga y pide su comida. ¿Dónde han quedado aquellos tiempos en los que la gente hablaba cara a cara? ¿O aquellos “TÚ QUE QUIEREEEEEEEEEEEEES” o “MOSTAZA O MAYONESAAAAAAAAAAAAA”? ¿Lo próximo será llamar al móvil para preguntar cuánto te falta para salir del baño en lugar de aporrear la puerta como todo la vida?
Los tiempos cambian y las personas y sus costumbres con ellos. Ahora todos somos “mu pijos y mu modennos”.

Comentarios
Los tiempos van y vienen, ahora hay bonanza y todos podemos tener de todo y mucho, por lo que los recursos naturales acabarán agotándose y tendremos que volver -por la fuerza- a niveles de vida más razonables que los que llevamos todos (todo el planeta). A parte de eso, la gente sólo piensa en ella misma, en tener más que el de al lado y en el dinero, pero tener que llamar al movil a una persona que está en la misma habitación para pedirle el menú me parece muy fueeeeeeeerteee…. (aunque si pudieramos enviarnos popups los unos a los otros como en el curro seguro que nosotros también lo haríamos).
Estoy en una entidad bancaria esperando mi turno. Hay dos o tres personas delante de mí. Primera hora de la mañana. La oficina abarrotada. Poco a poco, va acumulándose gente. Una mujer cincuentona se adelanta y pregunta algo al chico de la ventanilla. Le contesta. Vuelve a preguntar. Le vuelve a contestar. Como el chico no le da opción a colarse, se queda allí hablando mientras el empleado sigue atendiendo al cliente que tenía la vez. La cincuentona sigue con su ataque: “¿Y dónde está la chica que está aquí siempre?”. “Hoy no ha venido, señora, nosotros la atenderemos cuando llegue su turno”. “¿Tú eres nuevo, no?”. “Sí, señora, soy nuevo” (…). Los integrantes de la cola empezamos a extrañarnos de la insistencia de la dama. En un momento dado, interpela: “Y la chica de siempre, ¿por qué no ha venido? ¿tiene fiesta?”. Al final de la cola, hay dos chicas que van juntas. Una le dice a otra, en voz casi inaudible: “Qué pesada”. La cincuentona se gira bruscamente y le dice a la chica: “¿Tú qué dices, guarra, más que guarra? Anda y lávate el pelo” (la chica iba perfectamente peinada y aseada). Todos flipamos. La afectada no contesta, estupefacta ante lo que acaba de oír. Se hace el silencio. “Sí, sí, tú, tú, anda y lávate el pelo”. Al final, acierta a replicar: “Oiga, señora, no se pase”. “¿Qué pasa, que no te gusta que te diga lo que eres? Guarra, más que guarra. Lávate el pelo”. La chica, al final, dice: “Mire señora, me voy, porque no quiero dar un espectáculo”, y abandona la oficina. El resto de presentes seguimos sin saber qué decir. Una sonrisa de satisfacción se dibuja en la cara de la cincuentona. Si es que lo que no se vea en una cola…
XDDDDDDDDDDDD será que la mujer tiene pelofobia o algo…
anda que si llega a ser la chica la que se intenta colar, ¿¡!¿!qué le habría soltado!?!?!? la gente está fatal…