16.08.2006_Cuando una cueva se convierte en negocio _

Poniéndome al día tras la semana de vacaciones en Mallorca he leído un post en Microsiervos con el que no podría estar más de acuerdo.

Yo no soy un entendido en el tema, así que me incluiré en el grupo de “domingueros de vacaciones”. Realmente la visita a las Cuevas del Drach es de lo más curiosa desde el principio. Las entradas se realizan a cada hora (que al principio ya te choca que esperen tanto entre una entrada y la siguiente). Los grupos están formados por cientos de personas. Por si hay dudas, foto de la parte trasera de la cola (en la parte delantera había una cola de 8 personas de ancho por lo menos).

Antes, durante y después, como indica Wicho, nadie te explica nada (seguramente puedes comprar una guía). La visita se hace en plan manada, con gente por todas partes y sin más que unos segundos para apreciar cada punto de la cueva (que por cierto es fantástica). Dentro de la cueva hay personal, pero lo único que hacen es repetir lacónicamente “No hagan fotos”, “Ese flash”, “Guarde la cámara”,… Por cierto, se puede entender que no se puedan hacer fotos por el tema del flash y tal (aunque dudo que haya problemas, porque la cueva está iluminada con potentes focos), pero ¿qué mal puede hacer una cámara de video?

Lo de la actuación espectacular (puede que emocionante más que espectacular), más que nada por la ambientación y la ubicación (fuera de la cueva seguramente sería mucho menos atractivo). La visita dura aproximadamente 40 minutos.

Si alguien se pregunta aún la razón de este tipo de visitas “borreguiles”, la respuesta está clara. La entrada sale por unos 10 euros aproximadamente. Si cada hora entran 100 personas con su guía correspondiente, las cuevas ganan 1.000 euros y tienen que pagar al guía. Si entran 1.000 sin guía, ganan 10.000 y no tienen que pagar a nadie. Más claro, el agua.

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